martes, 20 de agosto de 2013

El relato de M

La vuelta al curro tiene sus recompensas. He comido con una compañera de trabajo a la que llamaremos M precisamente en un bar Irlandés que hay en la Plaza Cronos, cerca de nuestra oficina.

¿Quién es M?

Una compañera muy especial. Al poco de entrar en la empresa me fijé en ella. Es muy guapa de cara y tiene un par de kilos de más que le dan unas curvas absolutamente rotundas. En estos pocos meses, hemos tenido algo más que palabras y un día pensaba contarlo aquí. El caso es que antes de vacaciones le comenté que tenía este blog y me dijo que se iba a animar a escribir algo. A la vuelta me encuentro con este texto que desvela uno de los secretos mejor guardados de este edificio de oficinas.

Gracias, M.

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Hace unos meses se incorporó a la empresa un gerente-comercial nuevo. Claramente he visto y follado tíos más buenos, pero este tiene su morbo. Hace algo de deporte, se cuida y está casado, así no te da luego la brasa. Lo mejor es que es simpático y tiene labia, sabe como contar las cosas. Desde el primer día hemos tenido química y casi siempre tomamos el café de media mañana juntos. A veces con otros compañeros, otras veces solos. Yo me he dado cuenta de que me mira el escote sin cortarse demasiado y, comencé a venir más escotada; así, para tensar el ambiente.

Al final pasó lo que tenía que pasar. Un día estaba ayudándole a montar una oferta y acabamos tarde. Insistió en invitarme a tomar algo y fuimos a un pub Irlandés que hay cerca de la oficina. Estába super-agusto y él seguía mirándome el escote. En una ida al baño, me desabroché un botón más y ya no se pudo aguantar, al rato acercó su boca a la mía y comenzamos a morrearnos como adolescentes. Nuestras lenguas se confundían en un mar de saliba y algo que no era una pistola presionaba mi muslo. Fuimos a un hotel cerca y echamos un señor polvo. Ansiosamente nos desnudamos al entrar, casi le rompo la camisa. Sumergió la cara entre mi hermoso par de tetas; chupaba acariciaba. Yo le liberé la tranca que estaba dura y brillante. Pronto me vi tumbada, la punta de su rabo en mi coño y sus dedos destrozando mi clítoris. "Fóllame ya!!". Él seguía acariciándome y yo deseaba un rabo dentro ¡YA! mis caderas buscaban su rabo, pero él seguía con una mano en mi raja, la boca chupándome los pezones y con la otra me sujetaba, evitando la penetración. Se levantó y me puso boca abajo en la cama. Cuando iba a preguntarle si me ponía a cuatro patas o quedaba así, casí me rompe con el pollazo que me dio. Con lo mojada que estaba, la metió hasta el fondo pero me dolió a morir. Me habia partido en dos. Comenzó a cabalgarme y volvió a centrarse en mi clítoris. El ritmo era cada vez más rápido y pronto se me olvido que casi muero. Que polla, por Dios, qué machaque de clítoris, qué empujones. Comenzó a temblar, me dijo que se empezaba a correr, intensificó los movimientos y me corrí. Fue increíble. La pena es que tuvo que irse a pronto casa con su familia.

Desde entonces alguna vez me lo tiro. El tío sabe meter la lengua, los dedos y todo lo que tenga a mano en mi coño y me pone a mil. Además, cuando me voy a correr, baja el ritmo deja que se me pase un poco y luego arranca de nuevo. Así voy subiendo de excitación y tengo unos orgasmos espectaculares. Cuando él se corre, tenemos a mano un vibrador y me sigue dando caña hasta que se le pone dura de nuevo. Es la leche.

Lo último es que lo hacemos en el aseo de la 2ª planta que está poco concurrido. Tenemos ya pillado un baño en el que más de un día nos desahogamos. Desde que usamos el baño ha aumentado la frecuencia de nuestros encuentros.

El lunes pasado fue el último hasta la fecha. Bajamos, me sentó en el water y se puso enfrente. Iba quitándose la ropa poco a poco y poniéndola en la percha. Cuando entraba alguien en los aseos de al lado nos reíamos como críos. Se desnudó por completo y ya le brillaba la punta de la polla del líquido preseminal. Él de pié desnudo, yo sentada vestida, la mamada se veía venir y yo alargué la mano para cogérsela con ganas, pero de nuevo me sorprendió. Se agachó, me levantó la falda y me quitó las bragas.

Comenzó a pasar su lengua por mis muslos y a rozar la entrada de mi coño, siguió acercando la lengua a mi clítoris y empezó a meter un dedo por el agujero. Siguió ya con toda la boca encima de mi coño y con dos dedos ya dentro de mí, entrando y saliendo. Me agarró del culo con la mano libre y aumentó la presión sobre mi clítoris. Yo empecé a gemir pero alguién entró al baño y me puso al mano folladora en la boca. Aproveché para chuparle los dedos que sabían a mi flujo. Los dedos chorreaban mis fluidos.

Cuando salió nuestro "vecino" Edgar se puso de pié y diciendo algo como "aquí hay que estar calladitos" me metió la polla en la boca. Comencé a chupársela con ganas. La verdad es que he tenido pollas mas grandes pero esta es especial, se le notan las venas, tiene el capullo sonrosado y suelta mucho liquidito que lubrica muy bien la mamada. Acompañado de un masaje en los huevos, mi compi ponía unas caras tremendas. Al rato me detuve, que su leche la quería en mi coño no en la boca - eso será otro día.

Nos detuvimos para que yo me desnudara. Ahora se sentó él y yo encima metiéndome su pollón hasta dentro. Ahora él no podía moverse y yo me movía a mi antojó. Comenzó a magrearme mis grandes tetas y a chuparme los pezones mientras su polla entraba y salía de mi cuerpo con fuerza. Yo le metí la cabeza entre mis tetas y el seguía llenando todo de saliba mezclada con el flujo que le quedaba en la boca. Lo morreaba y la lengua le sabía a coño, mientras seguía con el mete-saca.

Me corrí en seguida y él también. De lo mojada que estaba se le habían rizado los pelillos del pubis. ¡Qué rico!

lunes, 29 de julio de 2013

Una confesión - Autora: @mentes_sucias

Autora: @mentes_sucias (MissTetas)
Públicamente, muchas gracias por poner el toque femenino en este blog que sin tí no sería lo mismo. Un beso dónde tu quieras. 
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Una confesión: mi jefe me pone un montón. Bueno, me pasa como a casi todas las secretarias, creo… todas acabamos enamoraditas de nuestro jefe. Este último es el que más. Un cuarentón de 2 horas diarias de gimnasio, con sus trajes a medida, sus camisas impecables, con sus canas, sus ojos entrecerrados, que te mira como si quisiera adivinar cómo te gustaria que te follaran. Vamos, el típico cabrón hijoputa que sabe que tendrá a todas las mujeres que quiera.

Desde el primer día pensé que tenía que ser mío. Yo no estoy nada mal, 1,75 piernas largas, larga melena morena, ojos rasgados, boca carnosa, un buen par de tetas y un buen culo. La naturaleza ha sido generosa conmigo, y a mis 33 años, se puede decir que tengo bastante éxito con los hombres.

Mi jefe me dijo que ese fin de semana tendríamos que hacer horas extras, y trabajar el sábado y el domingo. Yo pensé que esta oportunidad era única entre un millón, y empecé a fantasear en cómo sería y como pasaría. El sábado me puse una camisa de seda, con un botón extra desabrochado, una falda de tubo negra que marca mucho el culo, medias negras con raya detrás y mis zapatos de tacón de 10 cm.

A última hora del día, mi jefe se aflojó la corbata, se quitó la chaqueta y se quedó en mangas de camisa. Estábamos cansados de trabajar, y nos quedaba repasar la contabilidad de unas cuentas. Me dijo “vamos a mirar esto y nos vamos”, mientras se tiraba para atrás en su sillón, y me puse a su lado de pie, muy cerca de él, para repasar los números. Estaba excitada, notaba como la sangre bombeaba con fuerza hacia el coño y no era capaz de concentrarme. En un momento dado, me cogió de la cintura y me atrajo hacia el sillón. Me sentó en su regazo, dándole la espalda y enseguida noté una gran erección. Yo seguí mirando la contabilidad sin decir nada, mientras me movía encima de él, restregándome encima de su enorme erección,  volviéndole loco y volviéndome loca yo. Él me desabrochó la camisa, sin dejar de restregarse en mi culo, y empezó a jugar con mis pezones  con los dedos. Los pellizcaba, retorcía, estiraba, y lamiéndose los dedos, los llenaba de saliva. Yo seguía sin decir nada, y él cada vez respiraba más fuerte. Mi excitación era tal, que me notaba mojada, caliente y a punto de explotar. Necesitaba que me follara de una vez y le dije “Fóllame, cabrón, métemela fuerte”. Fue como un resorte. Se levantó de un salto, sobresaltándome, y con un movimiento brusco, me tumbó encima de la mesa, agarrándome del cuello para que no me pudiera mover. Con la otra mano, rápidamente, levanto mi falda hasta la cintura y me bajó las bragas hasta los tobillos. Metió dos dedos dentro de mi, y solté un gemido, “Dios,   estás muy mojada, y muy caliente. Te voy a follar como a una perra” me susurró cerca del oído, mientras me mordía el cuello. Oí el sonido de la bragueta y el cinturón, y antes de que me diera cuenta, me penetró. Tenía la polla dura como el cemento, joder, que sensación cuando notas que va entrando, y de repente la notas dentro. Me la metió sin prisa pero sin pausa, hasta el fondo , tanto, que hasta que no jadée no dejó de empujar. Me cogió de un hombro y me puso los dedos en la boca de la otra mano, dos dedos enormes con regusto de mis jugos, dentro de mi boca mientras me penetraba con grandes embestidas sin darme ninguna tregua. Luego me cogió del pelo, estirando hacía él, y a cada embestida me tiraba, y a cada embestida yo jadeaba más fuerte. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte, iba marcando el ritmo y me iba follando como él quería. Cuando tuve el primer orgasmo, me estaba embistiendo tan fuerte que pensé que me partiría en dos. Dios, joder, nunca he sentido otro orgasmo igual.

Me preguntó “te has corrido?” con una media sonrisa, mientras me daba la vuelta “vamos a comprobarlo”. Me tumbó de espaldas a la mesa, me cogió las piernas y me las puso encima de la mesa. Se arrodilló delante de mí, con cara de travieso, con ojos semicerrados, y me abrió las piernas al máximo. Empezó a lamer mi clítoris con la lengua, yo pensé que iba a enloquecer de placer, iba dando círculos, y toquecitos con la lengua, mientras metía un dedo en mi coño y otro en mi culo, iba haciendo círculos encima de él, y empezó con lametones más seguidos y intensos. Yo le cogía de la cabeza y le guiaba por donde quería que se detuviera. Dios, que placer!!! Me corrí por segunda vez, pidiéndole a gritos que me follara, que me metiera la polla dentro y me diera fuerte.

Cuando vio que me había corrido, se levantó, y sin darme tregua, me abrió las piernas del todo. Se quedó mirándome, con la camisa desabrochada, todo el coño abierto esperándole, con la mirada perdida de los orgasmos y con ganas de más. Se sonrió, y me dijo “ahora te vas a enterar, zorra”, yo pensaba que me derretía debajo de él. Me puso al borde de la mesa y me penetró suavemente, lentamente, casi no se movía y yo enloquecía por momentos. Con una mano me iba tocando los pechos, y con la otra el clítoris, mientras seguía sin moverse apenas. Yo empecé a mover el culo, iba haciendo círculos y empujándole para que me penetrara más, Dios, pensé que no podía resisitirlo. Iba moviéndome, jadeando, no podía pensar en nada más, y él empezó a embestir de nuevo más fuerte. Fue otro orgasmo increíble, él también se corrió, jadeando como un cabrón, y dando unas embestidas que pensé que me partía.


La semana que viene tenemos que volver a trabajar el sábado ;)

viernes, 26 de julio de 2013

el martes con Elena

El martes quedé con Elena. Era la tercera vez que nos veíamos después de nuestro primer encuentro sexual y, como ambos suponíamos cómo íbamos a terminar, directamente quedamos en su casa a tomar un café. 

Sofá, café con hielo. ¿No pones el aire? No. prefiero algo de calor que matarme la garganta. Nos sentamos juntos en el sofá y me dio un beso en los labios. Veo que no me dejarás ni tomar el café - le dije en broma.

Elena dio un sorbo a su café y salió del salón. Cuando volvió se había cambiado de ropa y traía puesta una camiseta de tirantes sin nada debajo que dejaba poco espacio a la imaginación: le marcaba cada pliegue de su piel y perfilaba sus pezones que ya estaban erectos. Un mini-vaquero completaba su indumentaria.

¿Tu no tienes Calor? - dijo quitándome el polo y dejándome solo con los vaqueros.

Por respuesta le llené la boca con mi lengua y mis manos comenzaron a recorrer sus piernas. Como respuesta ella me desabrochó el vaquero y metió la mano cogiendo mi paquete con energía. Me sorprendíó que fuese tan rápido. Despegamos nuestros labios un instante y su cara reflejaba una gran excitación.

- Tú ¿Qué has estado haciendo mientras yo venía?
- Bueno, tengo que confesarte que mientras venías comencé a decidir que me ponía y estuve probarme camisetas, blusitas, algo sexy. De tanto mirarme desnuda en el espejo, pellizcarme los pezones para que resaltasen sobre mi camiseta y demás me he puesto a mil. Comencé a hacerme un dedito cuando, oportunamente, llamaste al timbre. Así que ya puedes arreglar lo que has dejado a medias,

¡Joder! que declaración de principios. De nuevo llené su boca de saliba, mi lengua se enlazaba con la suya mientras mi mano acariciaba sus pechos por encima de la camiseta. Me detenía en cada pezón acariciando, pellizcando, sintiendo su dureza. 

Me arrodille delante de ella y le quité pantalón y braguitas. Sumergí mi boca en su entrepierna que estaba totalmente mojada; los labios hacia fuera y el clítoris rojo. Comencé a hacer círculos con mi lengua por el clítoris mientras mis dedos exploraban el interior de su cuerpo. Puse mis labios en forma de o y comencé a succionar sobre su clítoris mientras lo acariciaba con la lengua. Elena arqueó la  espalda.

La llevé casi al orgasmo pero me detuve a tiempo para desnudarme. Ella iba a quitarse la camiseta pero no la dejé.

- No jodas, tengo un calor de morirme
- Te echo agua por encima y quedarás nueva.

Fui mojando la camiseta de forma que quedo húmeda y perfectamente transparente. Yo estaba a mil de ver la escena: una hembra impresionante, pechos no muy grandes pero firmes, pezones grandes y duros como piedras, el coño brillante de flujo y saliba, los labios vaginales hacia fuera, abierta de piernas para mí.

Fue a cogerme la verga pero lo evité y me arrodillé de nuevo ante mi diosa, desnudo el coñito, el sabor salado del sudor comenzaba a mezclase con su flujo, yo desnudo y mi rabo creciendo a cada momento. Insistí con mis caricias en su clítoris, acompañadas de un suave masaje en la entrada de su año, mientras mi lengua recorría sus labios y entraba algo en su raja. Ella estaba totalmente entregada, tumbada en el sofá, abierta de piernas y gimiendo como una loca.

De repente, me detuve. Me senté en el sofá y Elena directamente se subío sobre mí y empezó a cabalgar mi duro rabo al compás de sus gritos. Yo magreaba sus tetas, las sobaba y estrujaba mientras ella ajena seguía cabalgando como posesa hincando sus uñas en mis hombros

- Dame polla hijo de puta - gritaba. - Dame más cabrón - meteme tu rabo. cómeme las tetas, fóllame más... 
- Quítate la camiseta, despacio – le ordené.

Nunca la había visto tan excitada, se quitó la camiseta y aparecieron ante mi un perfecto par de tetas que se movían al ritmo de la follada.

- Tócate. Quiero ver como te mastúrbas para mí. Córrete mientras me acaricias la polla con tu coño caliente.

Sonrió. Totalmente desnuda, una mano acariciaba un pezón, la otra mano directamente en su clítoris seguía el ritmo de la follada. Yo me encargué de la otra teta y empecé a acariciarle el ano y meterle un dedito por el culo.

- Así, así, ... siente mi rabo, te voy a meter 3 dedos por el culo.

Su cara se deformaba, seguía gritando y gimiendo, aumentó la velocidad de su masaje en el clítoris. 

- Así te gusta, a cuatro manos más polla. Está durita ¿eh? ¡Toda para ti! ¡Como te gusta follar!

Incrementó el ritmo, seguía gimiendo. Creo que ya no sabía si era yo quien estaba allí o cualquier otro. Solo tenía manos en su cuerpo y un rabo duro follándola. Ella marcaba el ritmo, ella dominaba la situación. Mi polla caliente era su dildo. 

Comenzó su orgasmo. Empezó a temblar, mientras su coño se contraía espasmódicamente. Sus manos se apoderaron de mi culo, hincándome las uñas, su cara se deformaba, sus gemidos se convertían en gritos.

¡Follame más cabrón! – decía mientras sus caderas descontroladas y los movimientos de su pelvis sacaban hasta la última gota de semen de mi rabo. Al rato se detuvo agotada, los pezones rojos, sus uñas con mi piel y algo de sangre, los dos empapados de sudor.

Silencio.

Al rato, alguien dijo - creo que una ducha compartida estaría bien. 


lunes, 22 de julio de 2013

Mi chica y 2 amigas

Antes de estar conmigo Inés había tenido algún encuentro sexual con una amiga. Ella insiste en que no se considera bisexual pero yo sí que creo que en momentos echa de menos algún escarceo. El caso es que este sábado le propuse organizar para tomar algo en casa con unos amigos. Lo que ella no sabía es que en realidad, no había tales amigos sino una vieja amiga mía que es lesbiana y su pareja. Hacía bastante que no veía a Laura. La llamé, le conté la historia y le propuse que vinieran a casa a montarse un trío con Inés. En la negociación conseguí que me dejaran estar presente – la ilusión de mi vida – pero ellas no querían saber nada de mí. Si me ponía muy mal, atacaba algún orificio disponible de mi chica o me apañaba solito.

A las 9 estaba el cava fresquito en la nevera, algo de picar y sonó el timbre, abrió Inés.

- Hola, somos Laura y Marta, unas amigas de Edgar.
- Hola, no sabía que veníais.
- Sí, olvidé decirte que al ser julio está todo el mundo de fin de semana fuera - intervine yo - y al final seremos solo los cuatro, pero no necesitamos más!!

La conversación transcurría animada, el cava corría ligero y el ambiente era perfecto. En un momento dado, les pregunté si habían hecho ya el trámite de casarse como tenían previsto. Inés quedó sorprendida más por la pregunta que por la respuesta.

- No sabía que eráis pareja – dijo Inés – es verdad que se os ve muy cómplices.
- Inés también tiene su lado bi- pero creo que lo tiene un poco oxidado desde que está conmigo. Habría que darle solución a ese problema
- Ahora mismo, si queréis - dijo Laura - ¿Nos la prestas?
- Por supuesto - dije yo.
Inés se empezó a reir, yo me levanté y ellas se sentaron, ante su sorpresa, una a cada lado de ella en el sofá.


- ¿Esto es una broma o …?

No pudo acabar la frase porque Marta comenzó a recorrer su cuello con la lengua suavemente. Inés dio un respingo y entrecerró los ojos. Realmente se veía una delicadeza que a los tíos nos cuesta tener. Laura puso una mano sobre el muslo de Inés, y le volvió la cara besándole suavemente los labios, mientras Marta comenzaba a acariciarle un pecho.

Notaba a Inés nerviosa. De reojo me miraba a mí que me había sentado enfrente y contemplaba la escena con la bragueta a punto de reventar.

En un momento Inés tuvo sobre su cuerpo cuatro manos y dos bocas que la estaban haciendo la mujer más feliz del mundo. Dedos hábiles iban desabrochando botones, soltando tiras de sujetador, bajando cremalleras. Comenzó a activarse, empezó a mover su lengua en la boca de Laura y buscaba la entrepierna de marta con la otra mano.

Se dirigieron al dormitorio, acabaron de desnudarse y las tres se enredaron en la cama en una madeja de caricias, labios que acariciaban clítoris, pezones endurecidos y humedad. Inés ya estaba totalmente integrada en el trío. La lengua de Laura recorría los labios vaginales de Inés que brillaban de la mezcla de flujo y saliva. Tenía los labios vaginales hacia fuera, el clítoris salido y gemía profundamente. Marta morreaba con Inés y mutuamente se sobaban las tetas. 

Yo por mi parte me desnudé, estaba super excitado y con la intención de pajearme allí mismo. Laura se levantó y, mientras Marta e Inés se erredaban en un 69 se vino hacia mí.

- Veo que te lo estás pasando bien …

Comenzamos a acariciarnos y besarnos. Estaba supermojada y abierta y yo la tumbé en la cama con la intención de follármela, que lo estaba pidiendo a gritos. Al vernos, Inés y Marta se detuvieron y se interpusieron entre nosotros. Creo que las dos tenían celos de ver a sus respectivas parejas follar con ajenos.

Fue mi momento.

Tumbé a Inés boca arriba, le abri las piernas y comencé a penetrarla con fuerza. Estaba a mil y le propinaba unas embestidas salvajes que hacían temblar la cama. Inés gritaba.

-          ¡¡Comedle las tetas a esta puta!! – grité.

La escena era tremenda. Inés boca arriba, yo entrando y saliendo de su cuerpo con una fuerza enorme y gimiendo. En un pezón tenía a Laura chupando con deseo; en el otro la mano de Marta que pellizcaba el pezón sentada sobre su cara. Inés con la lengua recorría el coño de Marta que también comenzó a jadear y gritar.

Inés tardó poco en correrse entre gritos y estremecimientos. Me gusta cuando se corre porque tiembla todo su cuerpo y esa vibración me da un masaje impresionante en la polla. Siguió comiendo el coño a Marta hasta que ésta también se corrió, el flujo de Marta le llenaba la boca entreabierta cuando por fin descansó. 

Inexplicablemente yo no me fui y me encargue de darle polla a Laura que la recibió con gran entusiasmo y dejándome marcadas sus uñas en la espalda. En la cabalgada sus manos se deslizaban entre mis huevos y mi espalda, rozando de vez en cuando mi ano. Aguanté poco tiempo y exploté, pero antes de sacarla me encargué de que también se corriese.

Al poco descansábamos los cuatro tumbados desnudos en la cama, envueltos en saliba, semen, flujo y mucho sudor, con alguna pierna por encima. El ambiente de excitación seguía alto, aunque lo que pasó después lo contaremos otro día.